lunes, 10 de diciembre de 2012

Entre dermis y epidermis: vía intradérmica


La vía intradérmica no es de las más conocidas precisamente, ya que no se suele usar demasiado para administración de medicación. Más bien suele usarse en pruebas diagnósticas, como las pruebas de la alergia, o el Mantoux para la tuberculosis. También para anestesia local en intervenciones sin importancia.

Se trata de introducir la sustancia entre las dos capas de la piel: la dermis y la epidermis, y debe hacerse con mucho cuidado, ya que estas capas son muy finas, especialmente la última.


Para administrar un fármaco, o alguna sustancia, por vía intradérmica, se debe usar una aguja muy pequeña y fina, ya que no tiene que atravesar grandes superficies.

La técnica debe realizarse de modo que la aguja se sitúe en unos 95-99º con respecto a la superficie de la piel, para que el procedimiento sea lo más exacto posible.

Normalmente se suele pinchar en el dorso del antebrazo, ya que es más cómodo y fácil de controlar. El truco para saber que se ha pinchado bien es que queda una burbuja por debajo de la piel, perfectamente visible, ya que el grosor de la epidermis es raquítico. Si esto no sucede es que lo hemos hecho mal.

La vía intradérmica es una vía de absorción muy lenta, y evidentemente solo se pueden usar pequeñas dosis. Se debe rotular un círculo alrededor de la punción para valorar posibles inflamaciones o reacciones alérgicas.

Hasta aquí hoy, si os da grima y no queréis que os pinchen así, ¡no os contagiéis de tuberculosis!


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